28.11.06

Cronos en problemas

Como todos los días a las cuatro de la tarde, y por la misma vereda, Timoteo regresaba caminando desde la fábrica hacia su casa. Se detuvo en el kiosco a comprar cigarrillos, y luego, antes de entrar a su domicilio saludó al anciano vecino, que siempre a esa hora encontraba sentado en la puerta. En el instante en que metió la llave dentro de la cerradura se le impuso una idea que le costó asociar con lo que venía pensando, pero que al entrar se le esfumó de la cabeza. Fue muy efímera y ya se le hizo tremendamente difícil recordarla. Timoteo al notar que su esposa Anita, que siempre lo esperaba con mate y facturas, no estaba, decidió quitarse la ropa y dirigirse a la ducha. Luego de un rato de baño y canturrear unos tangos bajo el agua caliente, tomó la toalla y cubriéndose con ella salió para el dormitorio justo en el momento en el que su mujer entraba en la casa.

–Timoteo ¿dónde estabas? yo pensé que te habrías enterado de la muerte de Don Herminio y habrías ido. Eran las cinco cuando Doña Nilda me vino a avisar del fallecimiento del vecino. Cuando entraba su silla desde la vereda se descompuso y cayó sin vida al suelo. Entonces fuimos con ella a socorrer a la viuda. Obviamente que para esa hora los mates ya se habían enfriado. ¿Tuviste que ir a algún lugar…?

Timoteo sintió de golpe una tremenda confusión. Como que algunas neuronas le hubiesen explotado como fuegos de artificio contra el cielorraso, produciendo un poderoso impacto.

-¿Pero qué hora es ahora?- le preguntó a Anita, y mirando el reloj de pared exclamó;

- Pero no puede ser, son las siete menos veinte.

Entonces, pasó a relatarle a su esposa lo que había hecho y que no podía entender que había pasado. Ella le respondió:

-Mmm, Timoteo no me mientas. Con alguna sorpresa ya me vas a caer. Bueno nada, dejalo ahí…

Esa noche en el velorio y observando el rostro del difunto, Timoteo seguía preguntándose que había sucedido. Habría llegado tan tarde a su casa, se habría distraído por el camino… Pero si fuera así ¿habría saludado a un fantasma? O será que ante la rutina de ver a Don Herminio todos los días sentado en la puerta, ese día, al no verlo igualmente imaginó verlo porque ya era la costumbre. Pero no, estaba seguro de haberlo saludado antes de meter la mano en el bolsillo para sacar la llave de la puerta. Esto se había transformado en algo que nadie le podía creer y que a su vez le era imposible explicar y a su vez explicarse.

Al otro día el gerente de la fábrica lo envió en comisión a comprar herramientas para el taller de cobrería. Salió de la empresa y se dirigió a tomar el colectivo sesenta para ir hasta el centro de la ciudad. Luego de quince minutos de viaje, el micro se detuvo ya que la avenida estaba obturada por varios camiones hidrantes, mientras los bomberos en gran esfuerzo intentaban apagar un incendio en el Power Bank. El transporte se desvió de su recorrido habitual tomando por otras calles para proseguir el trayecto. Luego de varios minutos, Timoteo se bajó en la esquina de la ferretería industrial para dirigirse a ella y realizar las compras encomendadas. Observó minuciosamente las llaves de fuerza y las perforadoras, para luego hacer el pedido de una cantidad importante de ellas, que la casa comercial enviaría al otro día a la fábrica.

En ese momento irrumpió el sonido de sirenas de los coches bomba y Timoteo pensó para si, que los bomberos regresarían para el cuartel luego de haber extinguido el siniestro del banco. Miró hacia fuera y vio que cuatro camiones pasaban por la puerta en dirección contraria a la que había supuesto. En ese momento por un flash de noticias que dejaba ver un televisor encendido dentro del comercio, un cronista hablaba desde algún lugar de la ciudad diciendo:

-Estamos desde el Power Bank, donde se ha desatado un tremendo incendio. Las causas aún se desconocen, pero ya se está esperando a la guardia de bomberos, para que resuelvan la situación.


En ese instante Timoteo creyó intuir que cosa era la que le estaba pasando, pero no podía saber porqué ni como.


–Espero- pensó-, que sepan entender mis impuntualidades.

Misteriosa desaparición

Hacía ya algún tiempo que Christopher Olmos no era parte de ninguna de sus asombrosas y exitosas tareas de investigación policíaca, que lo habían convertido sin ningún lugar a dudas, en uno de los detectives de mayor renombre de su país. Luego de haber dado con el asesino serial, que durante varias temporadas veraniegas había azotado la ciudad balnearia de Villa Cristalina manteniéndola en vertiginoso pánico, decidió retirar su nombre de la lista de detectives privados incluida en la Guía de Comercios y Profesiones. La razón principal para hacer esta quita, había sido que el extenuante y arduo trabajo realizado, logró producirle un pronunciado desgaste, tanto físico como intelectual, y para ello, lo mejor que podía hacer era tomarse unas extendidas vacaciones.

Con una notoria cantidad de dinero en su cuenta bancaria, que principalmente había sido financiado por una cadena hotelera, sumamente afectada por la merma de turistas. Christopher se decidió viajar hacia la montaña para tomarse un merecido descanso. La tarea de Villa Cristalina le había quitado cualquier incentivo para hacerlo en una playa. Entonces, se decidió a realizar una larga estancia en una pintoresca hostería, ubicada frente a un lago, en un profundo valle con laderas cubiertas de coníferas.

Luego de varios meses de pausa y de ocio en aquel sitio, regresó a la ciudad volviendo a promocionarse en la guía, y no habiendo pasado, ni dos días de haberlo hecho, recibió su primer llamado en reclamo de sus servicios. El caso que le presentaron, consistía al parecer, en una extremadamente misteriosa desaparición de obras de arte en el Museum del Renacimiento. Christopher sin vacilar demasiado, aceptó la solicitud acudiendo al museo para comenzar con la investigación. El caso a resolver, implicaba la sustracción de todas las pinturas y esculturas que había en aquel establecimiento. Para su gran sorpresa, y la de todos, el punto de arranque de la tarea, fue encontrarse conque en el lugar de las faltantes, habían quedado lienzos casi en blanco, pero algo manchados con diversos colores de oleos, y en el lugar de las esculturas quedaban piedras de mármol y granito sin formas, y bastante arena. La sensación que daban estos elementos, dejados por los ladrones en el lugar de las obras, era intensamente enigmática. A nuestro detective, la primera impresión que le dio, fue algo así como que la formalidad estética hubiera abandonado su corporeidad material, dejando al sitio del museo impregnado de un escalofriante desencanto. Lo primer conclusión que extrajo de ello, fue que el captor, o el grupo de ellos, habían sido bastante originales al respecto.

Para dar comienzo con la tarea de búsqueda, de las obras desaparecidas, Christopher pidió en el museo un catálogo donde figurasen las imágenes fotografiadas de las mismas; y tras observarlas muy detenidamente, alcanzó a sentirse completamente capturado por la terrible fascinación que ellas le irradiaban, y eso que Olmos no era para nada una persona adicta al arte, sino un apasionado de las ciencias exactas, que nunca había podido concluir una carrera universitaria.

Procedió entonces, a realizar una cantidad importante de fotocopias color del catálogo completo, y a su vez escanearlo para guardar las imágenes en un disco. Con las copias, mandó a construir varios símiles del catálogo, para ser repartido entre distintas personas del arte, de las fuerzas de seguridad y de los medios periodísticos, para que todos ellos estuviesen al tanto de las desapariciones, y a su vez también puedan informarle de cualquier dato válido para llevar adelante la investigación. Solicitó también, a un webmaster, la confección de una página para colocar en ella el contenido del CD con la descripción de las obras, agregando un relato sobre la misteriosa desaparición, junto a los datos del detective a cargo de la misma, para recepcionar cualquier novedad al respecto. La Web construida, daba la opción de ser traducida a cualquier idioma del planeta.

Por varios días se ocupó vía correo electrónico, de informar del link de la página, a casi todas las grandes agencias de noticias y museos del mundo, que obviamente no habían recibido facsímile del catálogo. Los grandes periódicos, no tardaron en publicar la noticia junto a algunas de las imágenes del catálogo. Las redes de televisión se hicieron eco de la información y la difundieron reproduciéndola a una gran escala. Varias páginas de Internet, tomaron datos de www.renacimiento-perdido.net, que era la página, que Olmos había hecho construir, haciendo conocer algunas de las imágenes de las obras. Las pinturas y esculturas desaparecidas proliferaron en medida inusual, provocando si se quiere, un cierto efecto de saturación. De alguna forma, muchas de las obras del museo era la primera vez que llegaban a la vista de las mayorías; mientras Christopher no se cansaba de observar las fotos, tratando de encontrar en sus formas, alguna pista que le facilitase la búsqueda. Era esta una de sus principales sospechas, tomando como dato relevante lo que había quedado de ellas en el museo, como efecto residual, y esto parecía haberse convertido en idea-fuerza.

Tras algunos señuelos, recibidos por intermedio de la policía, el detective acudió a Santa Lucía, una ciudad portuaria ubicada a setenta kilómetros al sudeste del museo, cuando fue que se percató que estaba más compenetrado con las obras en sí mismas, que en la búsqueda de ellas, y esto le producía cierta retracción y ensimismamiento con respecto al mundo exterior. Caminando por las calles de un barrio de esa ciudad, y mediante la observación paciente y meticulosa de la gente, de los edificios, y demás objetos a la vista, actitud por lo demás necesaria, e indispensable para un buen investigador, notó que lo que le llegaba a sus ojos, le producía un dejo de euforia, casi como que esas imágenes lo atrapaban como nunca antes le había sucedido con paisaje similar. De regreso al hotel, se miró al espejo, y notó que el verde de sus ojos era más intenso que nunca, tan intenso como las primeras hojas del árbol en primavera. Tras algunos días de búsqueda, y rastreo en aquel lugar, pudo comprobar que las sospechas indicadas por la policía, habían sido simplemente, una falsa alarma.

Ya no quedaba otra cosa por hacer en aquella ciudad portuaria, cuando Olmos se enteró que en Santa Lucía, vivía un viejo artista plástico, que otrora había logrado con sus pinturas una gran repercusión, inclusive a nivel internacional. Este se llamaba Leonardo Krueger, y Christopher decidió visitarlo en la modesta vivienda donde este residía. El pintor lo recibió al detective, con cierta desconfianza, pero ante la exposición del caso por parte de aquel, logró ablandarse bastante predisponiéndose a colaborar con él. Krueger se lamentó mucho por las desapariciones de las obras, que el conocía bastante bien, ya que muchas de ellas eran del estilo con el cual él, se había formado estéticamente. Entonces Olmos, entregándole un catálogo, le sugirió que se detuviera en aquellas formas, ya que su sospecha principal, teniendo en cuenta que los ladrones habían dejado piezas vaciadas de aquellas, consistía quizás una de las pistas más importante para la investigación. Luego de debatir entre los dos por algunas horas unas cuantas hipótesis al respecto, el artista pidió concluir la conversación, ya que tenía que retirarse para pintar algunos letreros comerciales, actividad con la que ganaba el dinero para su subsistencia diaria, pidiéndole a Olmos que regresase en un par de días, para comunicarle alguna ocurrencia al respecto.
Sin poder salir de cierta encrucijada, con respecto a esta búsqueda, Christopher regresó caminando hasta su hotel, cuando en medio del trayecto se detuvo bastante asombrado, ante un grupo de jóvenes, que entusiastamente pintaban un inmenso mural sobre la superficie de un viejo paredón perteneciente a un centro cultural, que por lo que le comentaron, había sido una edificación recuperada para fines sociales. Se maravilló bastante con las imágenes humanas, entre medio de grúas, fábricas, chimeneas y barcos de carga, expuestas con una gama de colores sumamente intensa, en donde primaban fundamentalmente, el rojo y el negro.

Tras dos días de escarpada especulación, acerca de la misteriosa desaparición del museo, regresó a lo de Krueger, para saber si este había concluido algo al respecto, pero el pintor que había observado detenidamente las obras en el catálogo, no pudo sacar de ellas ninguna conclusión favorable, que pudiese alivianar la búsqueda. Además Leonardo, le confesó apesadumbradamente a Christopher, que con respecto a aquellas obras, él sentía una extraña distancia, no solamente temporal, sino que no cuajaba con su tarea actual de letrista y diseñador de letreros publicitarios. Al detective, en un momento de aquella conversación, le dio la sensación de que al artista lo había invadido una gran angustia, y casi como que algunas lágrimas le pedían brotar de sus ojos; cuando entonces Olmos, le pidió que se tranquilizase, para luego retirase de ahí.

Volvió al museo, rastreó huellas digitales, y también procedió someter las piezas dejadas en el lugar de las faltantes a rayos X. Contrató un laboratorio para realizar diversas pruebas químicas, y nada, la encrucijada era cada vez mayor. Era muy posible que esta línea de búsqueda, lo haya llevado a nuestro detective a un camino por el cual seguramente, logró desatender un montón de otras pistas, pero sin preocuparse demasiado al respecto, y tras varias semanas de ardua investigación, escribió esta carta para el director del museo:

-Estimado amigo

A pesar de haberme compenetrado lo suficiente con esta investigación, la desaparición de estas obras artísticas para mí, ha pasado a ser un problema sin resolución. Tengo una sospecha al respecto, pero se, que si esta fuera mi afirmación, esto a usted, no le va a resolver absolutamente nada, con respecto a la tarea que me ha encomendó.

A riesgo que me considere entrado en la locura, tendría que decirle que para mi, las formas artísticas han abandonado el museo, debido a que se sentían muy solas, y al alcance de muy pocos, estaban como aburridas y se fugaron, metiéndose hasta en el punto más recóndito del planeta, tal vez embelleciéndolo, haciendo que adquiera formas inéditas. Es por todo esto, que creo que nadie se llevó, ni a las pinturas ni a las esculturas, sino que sus formas se evadieron de la materia que las contenía.

Esa es mi conclusión. Sin otro particular lo saluda atentamente.

Christopher Olmos.

25.11.06

Inutil pero justificado sentimiento

La nave Fobos quedó varada en el espacio a millones de años luz de nuestro planeta. Era imposible rastrear el sitio en el que había quedado suspendida, ya que los canales de comunicación estaban totalmente inutilizados. Solamente era posible observar el firmamento en el cual se dibujaban constelaciones nunca vistas, y por suerte aún se podía escuchar la música cargada en los programas. Desde los micro orificios estampados en las mamparas aún se podían escuchar a Astor Piazzola, Frank Zappa y Pink Floyd. Los cinco tripulantes procedieron a un recuento de las provisiones, y el resultado de esto daba que el alimento en cápsulas iba a durar por lo menos un año terrestre más, mientras que los fármacos, sino ocurría nada grave eran totalmente suficientes, ya que sus fechas de vencimiento se extendían mucho más que el tiempo que iban a alcanzar los nutrientes. Los programas de exploración espacial guardados en las computadoras tanto como los sitios de red, ya no respondían, casi como que hubieran sido previstos para otra dimensión del espacio y seguramente del tiempo. El primer momento fue de alerta y preocupación y no se descartaba la posibilidad de reparar la nave y proseguir el viaje, revisando e intentando de mil maneras poner en funcionamiento los equipos, a veces cayendo en actitudes casi de ritualidad mágica, suponiendo que cambiando algo de lugar la cosa fuera a funcionar.
Luego de este primer período sobrevino el letargo y el aburrimiento y de vez en cuando despuntaban la crítica, la autocrítica y el reproche. Se llegaba a decir que esta impronta espacial comenzaba a perder sentido, en tanto en la Tierra proseguían las guerras y el hambre, y que tanta sofistiquería aplicada a esto, mientras haya humanos padeciendo era un despropósito, y que ellos mismos se tornaban cómplices de todos esos desajustes. Uno de ellos comenzó a escribir sus memorias casi como suponiendo que alguna vez alguien las podría llegar a leer, y así transcurrieron varios meses cuando aconteció lo que ya se habían resignado a creer.
A través del cristal que los separaba del exterior, apareció frente a sus ojos una extraña nave con forma topológica, con una figura que hacía recordar a la botella de Klein. Nunca antes habían imaginado tal formato y mucho menos aplicado a un móvil espacial. De repente se interrumpió el sonido de Hot Rats de Zappa y se escuchó a través del sonido de las mamparas, una voz pausada y serena que les decía:

-No teman nuestra presencia. No somos piratas del cosmos, sino una tripulación de científicos recorriendo esta parte del espacio sideral que al verlos varados los vinimos a socorrer. Si nos permiten el acceso a vuestra nave, en seguida estará allí una pequeña comitiva nuestra.

La tripulación terrestre optó por permitirlo a pesar de no hacerlo con gran entusiasmo sino más bien con un alto tenor de desconfianza, pero teniendo en cuenta que no tenían opción al respecto, se decidieron a que se produzca el acceso. Se abrió la escotilla e ingresó un pequeño móvil trayendo a cuatro visitantes que para la sorpresa general eran dos mujeres y dos hombres. El capitán de Fobos supuso entonces que los alienígenas se habrían metamorfoseado tras haber detectado la configuración genética de los perdidos en el espacio. Las primeras palabras de una de las visitantes fue:

-Se lo que pensó capitán, pero les aseguro a todos que nuestro contexto anatómico es el que mostramos y ningún otro, ya que no tenemos nada que ocultar adoptando formas extrañas. Por lo que sí veo, es que encontrarnos mutuamente es uno de esos hechos del azar cósmico, ya que en extensiones de extrema longitud y profundidad con las que cuentan los tres espacios del universo anudados en un sitio descentrado del mismo, es solamente posible a partir de una inesperada casualidad. A nosotros no deja de sorprendernos encontrarnos con otros humanos, con otro fragmento de esa especie originada en el planeta Ra.

Otro de los visitantes tomó la palabra :

-Se nota muy claramente en ustedes una emoción que para nosotros está perdida desde hace aproximadamente medio centenar de generaciones, y se trata de la desconfianza. En cuanto a ella no les pedimos que no la tengan ya que no se funda como tal en quien la siente, sino en el otro, en aquel por quien se la siente y esto es de alguna manera inevitable en presencia de extraños, en tanto no es más que un efecto defensivo. Solamente les decimos que si lo sienten así por nosotros, ese sentimiento en ustedes, es totalmente injustificado. Nuestros arqueólogos en ciencias de la subjetividad han indagado bastante en cuanto a como se daba este fenómeno, sus causas y también las formas de su desaparición paulatina, siempre en relación dialéctica con respecto a los contextos emanados de las objetividades colectivas, que a su vez siempre fueron su determinación en última instancia.

Entonces prosiguió la otra mujer visitante:

-El planeta Ra fue uno de los tres que hacían su órbita en relación a una estrella perteneciente a una rara constelación llamada Amor, rara digo por su forma, obviamente, en tanto nunca más se volvió a encontrar en el resto del espacio un cúmulo de estrellas que puedan conformar tan brillantemente esa figura y eso que lo intentamos hacer inductivamente suponiendo una mirada desde infinidad de puntos ubicados en recónditos sitios del espacio. Sucedió muchas veces que tuvimos la ilusión de encontrar un símil, pero bueno, luego descubrimos con cierto destello de angustia que nos habíamos equivocado. De todas formas no descartamos que desde algún lugar aún no alcanzado, sea posible ver a un hombre y una mujer abrazándose y besándose tiernamente, haciendo el amor sentados frente a frente. Por lo que pudimos reconstruir, se trataba de una imagen extremadamente bella y es por esto que no perdemos la esperanza de reencontrarla nuevamente en el espacio. Cuando las estrellas que conformaban esa constelación se fueron apagando de manera lenta pero súbita, la humanidad emigró hacia distintos puntos del universo incluidos los tres espacios anudados. Fue así como el homo sapiens quedó desperdigado en vaya a saber cuantos puntos del firmamento.

Continuó entonces el visitante que aún no había hablado:

-Nuestra colonia desde que se precipitó a esta tarea de investigación científica ha encontrado ya una veintena de dominios dispersos. Ustedes vienen a ser los vigésimoprimeros, y esto naturalmente no es nada más que un azar cósmico. Estamos seguros por nuestro pasado, que muchas colonias donde están incluidos ustedes, no tienen el más mínimo conocimiento acerca de esto, es decir sobre nuestro origen común. Esto lo inferimos a partir de saber que en los tiempos en que en nuestra colonia reinaba el sentimiento de desconfianza, que se originó seguramente luego de abandonar Ra, nos era imposible creer que podíamos tener existencia mucho más allá de nuestros míseros horizontes. En el tiempo de la desaparición de ese inútil pero justificado sentimiento, en el planeta que habitábamos fueron produciéndose algunos acontecimientos por lo demás significativos sin los cuales hubiera sido imposible esta desaparición. Nuestra humanidad estuvo desde que llegamos a ese planeta, sumergida en la miserable lógica del poder en tanto relación que somete a algunos a ejercerlo y a otros a padecerlo, pero también a resistirlo. Precisamente una minoría de los que resistían comenzaron a ver la posibilidad real de difuminarlo, y cuando esa minoría dejó de serlo en tanto las mayorías tomaron ese programa, cuando pudieron comprobaron la viabilidad real de la eliminación de las miserias, de la desprotección, del hambre, del egoísmo, de las humillaciones y de todas las podredumbres que surgían del poder, se decidieron a clausurar con su existencia histórica, aunque no faltaron nunca los que se encandilaron con él. Se construyó así una sociedad de iguales, con justicia, y es así como la desconfianza ya dejó de tener sentido alguno. Es así como pudimos aventurarnos a explorar el cosmos, no ya con el sentido de invadirlo para beneficios bélicos, sino como extensión de la humanidad y es en este intento que descubrimos que la historia se había iniciado en Ra y que había más humanidad en el espacio. Ya les estamos diciendo que si encontrásemos nuevamente una constelación como la del Amor, estaríamos proyectando ocupar un planeta, un nuevo Ra donde unificar a toda la humanidad desperdigada en el cosmos, a toda esa masa crítica de seres que de alguna forma conservan en sus ensueños la figura de aquella constelación. En definitiva estamos por recuperar la humanidad.

16.11.06

La escena loca

El estreno de la obra tuvo un impacto impresionante sobre la concurrida presencia de espectadores, que asistieron a la sala del teatro. Los actores, saludaron y aplaudieron al público, una vez concluida la muestra, por su calurosa recepción.
Se apagaron las luces del escenario, y quedó en tinieblas el decorado, que representaba a un hospicio. Los protagonistas se abrazaron entre sí fervorosamente, por el éxito alcanzado, mientras Damián se quedó sentado en la casi oscuridad, sin que sus compañeros se dieran cuenta de ello.
Parecía como que él, seguía siendo Yagui, quizás el más importante personaje de la obra. Su rostro expresaba como que su cabeza, hubiera sido invadida por voces, colores, sonidos… Damián se había quedado en el personaje y no podía salir. De repente, alguien lo vio y le dijo:

-Vamos che, que nos está esperando una cena en el restaurante de la otra cuadra…

Pero él, no respondió, ni miró, a quien se lo estaba diciendo. Entonces, se le acercaron todos los demás, pidiéndole que deje de hacerse el loco:

-Esta bien Damián que la obra haya sido un éxito, pero ahora que concluyó, vayamos a festejarlo…

Para la sorpresa de todos ellos, cuando el patio de butacas ya estaba vacío, aparecieron cuatro personas vestidas de enfermeros y uno de ellos dijo:

-Bueno, ya pasó la diversión muchachos, es hora de ir a dormir…

Mientras uno de ellos, con una jeringa en la mano, se preparaba para efectuar las dosis nocturnas, mientras otros dos, se acercaron a Yagui, para llevarlo a hacer una sesión de electroshock, mientras irrumpía en él, un maníaco y extremadamente poético delirio…


Este cuento es parte de "Los Rostros y las Tramas"
Editorial Dunken- Buenos Aires- 2006