Dalmiro caminaba todos los días, diez cuadras para llegar hasta su estudio, todas ellas sobre la Avenida Rivadavia. Había algo en su cotidiano trayecto que se había convertido con el tiempo en un gran interrogante, que nunca pudo develar a pesar de los años que vino pasando por el mismo sitio.
La vieja mansión ocupaba un terreno de unos cincuenta metros de frente y otros tanto de largo. Es lo que se permitía apreciar desde la vereda, por la que él transitaba diariamente, ya que la construcción que se hallaba sobre el fondo del lote, era apenas visible. Los arbustos y árboles que interceptaban la visión, permitían solamente ver las dimensiones aproximadas y el trazo grueso de la arquitectura, pero era imposible vislumbrar sus detalles. El parque que se interponía entre el portón de entrada y la morada, era un digno ejemplo de cómo debía ser un jardín desde la óptica del romanticismo. Ninguna simetría, ningún orden preestablecido, ningún despliegue de figuras geométricas. Solamente árboles desiguales con muchos arbustos y malezas, colmados de enredaderas, creciendo por lo bajo una notable variedad de flores silvestres. Este lugar era de los más antiguos de la zona, actualmente poblada de grandes edificios. En este sitio parecía como que el tiempo no hubiera transcurrido nunca.
De la infinidad de veces que Dalmiro había pasado por la vereda de la casona jamás había visto entrar ni salir a nadie de allí, y ni siquiera pudo saber nunca, quienes eran sus propietarios. Ni sus amigos, ni las personas que con él hablaban, jamás habían hecho algún comentario al respecto. Casi como que esa residencia y su misterio, solamente existían para él. En ese instante se dio cuenta que él mismo nunca había sacado esto, como tema de conversación para absorber algún decir sobre ello.
Una mañana al despertar, Dalmiro creyó recordar, que alguna vez, en el momento justo en el que él pasaba por allí, el haber visto pasar una cantidad significativa de gente llevando un grueso de elementos, que en el momento actual le costaba identificar o saber a ciencia cierta de que se trataba. Incluso llegó a dudar acerca de la veracidad de esa huella mnémica. Le era imposible fijar el tiempo transcurrido desde entonces, y por otro lado no recordaba más que esa situación particular, que no tuvo continuidad en el tiempo. Fue la única vez que vio movimiento en ese lugar, siendo que él pasaba por allí todos los días.
Una tarde revisando viejas revistas de su innumerable hemeroteca, se encontró con una nota donde aparecía una fotografía de la casona. El título decía: “Comienza el rodado del nuevo film de Roberto Grandoni”, mientras que el ejemplar databa de quince años atrás, más precisamente de agosto del noventa. Entonces fue que interpretó après coup, que el recuerdo de aquella mañana, seguramente debería coincidir con la nota que tenía ante sus ojos. Pero si fuera así, el problema comenzaba a ser, que si el inicio del rodado habría sido aquel día, nunca llegó a percatarse de su continuidad. Era imposible que toda la película haya sido hecha en una sola jornada, y por otro, no recordaba haber visto nunca en las carteleras de los cines de Buenos Aires, el estreno de La Mansión Tenebrosa, que era el título que daba aquel semanario. El misterio que Dalmiro tenía con respecto a esa residencia se le multiplicó por varias cifras.
Al otro día, pasando por la vereda de siempre, y viendo el portón de metal oxidado a medio abrir, no pudo resistirse a la excesiva curiosidad que lo embargaba y decidió cruzar el lúgubre parque para llegarse hasta la casona. Nadie pudo impedirle entrar en ella, y una vez adentro se encontró con una magnánima soledad y un absoluto abandono. Un par de polillas revoloteaban alrededor de unas viejas cortinas de lienzo amarillento, que indudablemente eran su alimento. De repente cortó el silencio un ruido a su retaguardia, y dándose vuelta vio que un ratón se introducía en un hueco del zócalo de pinotea. Levantó la vista y vio la proliferación de telarañas en el cielorraso, y en las esquinas que formaba este con las paredes. Dalmiro ya se había intranquilizado, y por otro lado no encontraba en el sitio, nada que pudiera evacuar sus interrogantes.
Una extraña voz le dirigió unas palabras, y girando la vista para saber de quien se trataba, se encontró conque un esqueleto sentado cómodamente en un sillón, echando humo con una pipa y con un vaso de un raro cóctel verde entre sus falanges, le decía:
-Hace años que te estábamos esperando Dalmiro. Eres el personaje que nos faltaba para comenzar a rodar el thriller. Al fin has llegado. Espero que puedas cumplir con tu papel.
14.7.06
Riesgos en la red
Pedro y María se encontraron una vez en una sala de Chat, y a partir de ahí concluyó para cada uno de ellos, la soledad que los mortificaba, a pesar que nunca llegaron a conocerse personalmente. En los dos años que vivieron aquel dulce romance, pasaron declarándose tanto el amor eterno, como la pasión inexplicable y la adoración mutua. Si esto fue o no, un amor real, júzguenlo ustedes, luego de lo que les voy a relatar.
Pedro era un español de Murcia que vivía en Turquía, y María una colombiana de Cali. Obviamente que la distancia les jugaba en contra.
A esta altura, creo que casi todos lo sabemos por haberlo vivido, o tal vez por comentarios, que cosa es un gran amor en la red, y es por esto que no voy a profundizar en detalles acerca de ello. Solamente voy a contarles el desenlace de esta historia.
Ese día antes de conectarse, Pedro había estado pensando muchísimas cosas acerca de su relación virtual, y parece que a la hora de abrir su Messenger, las puso en acto. Cuando María, entusiasmada como siempre por la llegada de ese instante, dijo:
-Hola…
El respondió:
-Hola María. Voy a decirle que no soy Pedro. El, antes de morir, me pidió encarecidamente que hable con usted para que le comunique lo sucedido. El era mi mejor amigo, y yo estaba al tanto de todo lo de ustedes, y es por esto que en los últimos minutos de vida me dejó este encargue y su contraseña. Si desea hacerme alguna pregunta, por favor hágala.
Cuando Pedro pulsó la tecla que permitía que el mensaje fuera enviado, dudó demasiado acerca de si había estado bien escribir aquello, pero el mensaje ya estaba en la pantalla. Ya se había dispuesto a decir que solamente había sido una broma, pero del otro lado no hubo respuesta, hubo silencio, un silencio sepulcral. Pasado un rato volvió a escribir:
-¿Estás?
Pero nadie respondió. Por varios días ella siguió conectada, pero sin emitir palabra. Pedro se cansó de enviarle correos electrónicos explicándole lo sucedido, pero nada, ella no respondió jamás.
La policía de Calí informó que habían encontrado el cadáver de una mujer frente a su computadora. Las pericias confirmaron que había fallecido de un paro cardíaco.
Por lo que se pudo saber, Pedro deambula como un linyera por las calles de Estambul, sumergido en un tremendo delirio paranoico.
Pedro era un español de Murcia que vivía en Turquía, y María una colombiana de Cali. Obviamente que la distancia les jugaba en contra.
A esta altura, creo que casi todos lo sabemos por haberlo vivido, o tal vez por comentarios, que cosa es un gran amor en la red, y es por esto que no voy a profundizar en detalles acerca de ello. Solamente voy a contarles el desenlace de esta historia.
Ese día antes de conectarse, Pedro había estado pensando muchísimas cosas acerca de su relación virtual, y parece que a la hora de abrir su Messenger, las puso en acto. Cuando María, entusiasmada como siempre por la llegada de ese instante, dijo:
-Hola…
El respondió:
-Hola María. Voy a decirle que no soy Pedro. El, antes de morir, me pidió encarecidamente que hable con usted para que le comunique lo sucedido. El era mi mejor amigo, y yo estaba al tanto de todo lo de ustedes, y es por esto que en los últimos minutos de vida me dejó este encargue y su contraseña. Si desea hacerme alguna pregunta, por favor hágala.
Cuando Pedro pulsó la tecla que permitía que el mensaje fuera enviado, dudó demasiado acerca de si había estado bien escribir aquello, pero el mensaje ya estaba en la pantalla. Ya se había dispuesto a decir que solamente había sido una broma, pero del otro lado no hubo respuesta, hubo silencio, un silencio sepulcral. Pasado un rato volvió a escribir:
-¿Estás?
Pero nadie respondió. Por varios días ella siguió conectada, pero sin emitir palabra. Pedro se cansó de enviarle correos electrónicos explicándole lo sucedido, pero nada, ella no respondió jamás.
La policía de Calí informó que habían encontrado el cadáver de una mujer frente a su computadora. Las pericias confirmaron que había fallecido de un paro cardíaco.
Por lo que se pudo saber, Pedro deambula como un linyera por las calles de Estambul, sumergido en un tremendo delirio paranoico.
11.7.06
Perdido en la montaña
La avioneta sobrevolaba en ese momento, la impetuosa cadena montañosa, hallándose a unos quinientos metros de los picos más altos, cuando un fuerte viento huracanado la desestabilizó de gran manera. El piloto intentó sobrellevar el impacto, cuando notó que los motores comenzaron a no responder satisfactoriamente. Entonces, se decidió rápidamente a abandonar la máquina, lanzándose en paracaídas, y no habiendo pasado siquiera más de tres segundos y medio de caída libre, le dio apertura controlando inmediatamente el despliegue bicolor, rojo y amarillo del velamen.
Mientras caía lentamente colocándose a contraviento, giró su cabeza para observar como el artefacto abandonado en la altura, se estrellaba estrepitosamente contra una ladera, desatando intempentestivas llamaradas de fuego. Ciro maniobró las bandas y las muletillas, para caer sobre una pequeña planicie que venía observando en su caída, pero no pudo impedir que el paracaídas se deposite sobre la copa de un árbol, quedando atascado entre las ramas.
Para su suerte, logro salir ileso, cubriéndose la cara; y despojándose del arnés descendió por la ramificación gruesa del tronco no quedándole otra que pegar un salto de aproximadamente seis metros para llegar al suelo.
Allí comenzaba algo, que aún resulta para él uno de esos episodios de la vida que uno nunca llega a entender en su totalidad. Las provisiones con las que contaba en su mochila, sabía perfectamente que no le iban a durar mucho más de tres días, y es por esto mismo que se decidió a buscar una salida de ese lugar, intentando encontrar una solución al escollo, que se le quedo planteado, con este imprevisto.
Comenzó una ardua caminata por el bosque, en dirección sureste orientado por el trayecto solar, hasta que lo sorprendió el anochecer, a pocos metros de un reparo sobre la montaña. Una pequeña caverna, se le ofrecía como sitio válido para pasar la noche, protegido de las inclemencias del tiempo. Procedió entonces a recoger unos cuantos leños, de esos que siempre hay sobre el piso, para encender una pequeña fogata en el interior de su transitoria guarida. Ubicó en aquel lugar la bolsa de dormir y comenzó a preparar algo para comer, y mientras esta se hacía, se sentó sobre una piedra y se dignó a escribir, algunas cosas que empezaron a ocurrírsele. Luego de comer algunos bocados y beber un poco de ginebra, se metió en la bolsa para luego dormir. Así, su cuerpo tendido sobre la superficie del piso, cayó rendido por el cansancio acumulado durante un día agitado, plasmando un profundo sueño.
De repente, Ciro se despertó, mientras la intensa luz de la luna llena ingresaba por la entrada de la gruta, mientras quedaban aún encendidas algunas brazas de la fogata. Supuso que habrían pasado un par de horas desde la medianoche, ya que su reloj había dejado de andar desde el incidente aéreo. Levantó la mirada y para su sorpresa vio a tres personas, dos hombres y una mujer que lo estaban observando detenidamente. En ese momento pensó, que menos mal, que su corazón funcionaba bien, ya que si no tal vez hubiera sufrido un síncope cardíaco, debido a una situación tan imprevista como aquella.
-Tranquilícese amigo, no estamos aquí para complicarlo sino para ofrecerle alguna solución a su problema...
Ciro notó que el ritmo de sus pulsaciones comenzó a descender paulatinamente y mirándolos les preguntó:
-Pero ¿Y ustedes quienes son? ¿De dónde han salido?
Los visitantes entonces, le pidieron ser acompañados hacia el interior de la caverna, mientras dos de ellos encendían antorchas en lo que sobrevivía del fuego. Luego de un laberíntico recorrido de casi trescientos metros por el interior de las galerías de la caverna donde sobresalían punzantes estalactitas y estacmitas, se encontraron frente a un gran portón al que uno de ellos, abrió con un sofisticado control remoto. De repente Ciro se encontró en un sitio nunca antes imaginado, ni siquiera a partir de su lectura de novelas de ciencia ficción. El hábitat se encontraba iluminado con una luz de un color que no podía ser catalogado ni de frío ni de cálido. Había allí aparatos de una tecnología de hiperavanzada, donde sobresalían unas grandes pantallas de formas cóncavas y convexas, y ciertos dispositivos de luces tenues, que aparentemente intercambiaban información entre los distintos equipamientos.
En el interior de aquel sitio había una veintena de personas, todas de un color de piel sumamente pálido. Algunas de ellas, comenzaron a poner butacas en círculo, e invitaron a Ciro a sentarse. Todos se ubicaron en ese lugar, con excepción de cuatro de ellos que seguían operando sobre los artefactos electrónicos. Entonces el hombre de aspecto más anciano tomó la palabra:
-Sr. Ciro, le vamos a comentar quienes somos, y de donde venimos. Somos un grupo de científicos sobrevivientes de un futuro, no muy lejano de la actual humanidad, la que usted está viviendo. De este presente nos separan apenas poco menos de dos siglos. Usted podrá tener indicios -en la realidad que viene viviendo- que la catástrofe ya está instalada... La producción de armamentos tácticos de carácter nuclear, la creciente exclusión de las grandes mayorías, la miseria reificada, los desastres ecológicos y las pestes desde este presente que usted conoce, se irán agravando sustancial y vertiginosamente, y esto hace que ese aumento, pronostique un final repentino e inevitable de la humanidad, tras una larga agonía muy poco visible, muy poco diagnosticada. Nosotros somos un grupo de científicos que vienen previendo esta situación ya desde un siglo atrás, de este presente que usted vive. En el momento de la catástrofe definitiva estábamos muy avanzados en procesos de integración y desintegración molecular, en combinación con procesos de antimateria y energías.
A su vez habíamos logrado hacer transportes en el seno del tiempo cronológico, logrando que algunos microorganismos viajen hacia el pasado y hacia el futuro de forma alternada. Este saber sobre cronos hace que hoy estemos hablando aquí, con usted, y que a la vez no seamos cadáveres en el futuro, a pesar que nuestro proyecto, aún no está concluido.
El mismo contempla la posibilidad de retrotraer el proceso de extinción de la naturaleza, para reintegrarlo en una nueva secuencia molecular, que lo haga sobrevivir a la catástrofe, para de ahí en más, producir un efecto de desaceleramiento del proceso tanático de autodestrucción. Quizás, mucho de lo que le estemos contando, no pueda ser totalmente entendido por usted, ya que todos los hombres son productos de la época en que les toca vivir, aunque estemos intentando que le sea lo más accesible, a su comprensión subjetiva e histórica.
Ahora bien, en el momento en que se acercaba volando a estos lugares pusimos en marcha sobre su avioneta un dispositivo de detección de la estructura molecular, y enviando un viento huracanado digitalizado desde nuestro software, logramos desestabilizar el vuelo y que la avioneta se estrelle contra la ladera. Ahora mismo esperamos retrotraer el tiempo transcurrido desde ese entonces, para recomponer aquella configuración haciendo que la avioneta y usted, prosigan el vuelo.
De repente Ciro se encontró sobrevolando la montaña, y mirando su reloj vio que era la misma hora que cuando abandonó la avioneta con el paracaídas. Pensó entonces:
-Ojalá que puedan...
Mientras caía lentamente colocándose a contraviento, giró su cabeza para observar como el artefacto abandonado en la altura, se estrellaba estrepitosamente contra una ladera, desatando intempentestivas llamaradas de fuego. Ciro maniobró las bandas y las muletillas, para caer sobre una pequeña planicie que venía observando en su caída, pero no pudo impedir que el paracaídas se deposite sobre la copa de un árbol, quedando atascado entre las ramas.
Para su suerte, logro salir ileso, cubriéndose la cara; y despojándose del arnés descendió por la ramificación gruesa del tronco no quedándole otra que pegar un salto de aproximadamente seis metros para llegar al suelo.
Allí comenzaba algo, que aún resulta para él uno de esos episodios de la vida que uno nunca llega a entender en su totalidad. Las provisiones con las que contaba en su mochila, sabía perfectamente que no le iban a durar mucho más de tres días, y es por esto mismo que se decidió a buscar una salida de ese lugar, intentando encontrar una solución al escollo, que se le quedo planteado, con este imprevisto.
Comenzó una ardua caminata por el bosque, en dirección sureste orientado por el trayecto solar, hasta que lo sorprendió el anochecer, a pocos metros de un reparo sobre la montaña. Una pequeña caverna, se le ofrecía como sitio válido para pasar la noche, protegido de las inclemencias del tiempo. Procedió entonces a recoger unos cuantos leños, de esos que siempre hay sobre el piso, para encender una pequeña fogata en el interior de su transitoria guarida. Ubicó en aquel lugar la bolsa de dormir y comenzó a preparar algo para comer, y mientras esta se hacía, se sentó sobre una piedra y se dignó a escribir, algunas cosas que empezaron a ocurrírsele. Luego de comer algunos bocados y beber un poco de ginebra, se metió en la bolsa para luego dormir. Así, su cuerpo tendido sobre la superficie del piso, cayó rendido por el cansancio acumulado durante un día agitado, plasmando un profundo sueño.
De repente, Ciro se despertó, mientras la intensa luz de la luna llena ingresaba por la entrada de la gruta, mientras quedaban aún encendidas algunas brazas de la fogata. Supuso que habrían pasado un par de horas desde la medianoche, ya que su reloj había dejado de andar desde el incidente aéreo. Levantó la mirada y para su sorpresa vio a tres personas, dos hombres y una mujer que lo estaban observando detenidamente. En ese momento pensó, que menos mal, que su corazón funcionaba bien, ya que si no tal vez hubiera sufrido un síncope cardíaco, debido a una situación tan imprevista como aquella.
-Tranquilícese amigo, no estamos aquí para complicarlo sino para ofrecerle alguna solución a su problema...
Ciro notó que el ritmo de sus pulsaciones comenzó a descender paulatinamente y mirándolos les preguntó:
-Pero ¿Y ustedes quienes son? ¿De dónde han salido?
Los visitantes entonces, le pidieron ser acompañados hacia el interior de la caverna, mientras dos de ellos encendían antorchas en lo que sobrevivía del fuego. Luego de un laberíntico recorrido de casi trescientos metros por el interior de las galerías de la caverna donde sobresalían punzantes estalactitas y estacmitas, se encontraron frente a un gran portón al que uno de ellos, abrió con un sofisticado control remoto. De repente Ciro se encontró en un sitio nunca antes imaginado, ni siquiera a partir de su lectura de novelas de ciencia ficción. El hábitat se encontraba iluminado con una luz de un color que no podía ser catalogado ni de frío ni de cálido. Había allí aparatos de una tecnología de hiperavanzada, donde sobresalían unas grandes pantallas de formas cóncavas y convexas, y ciertos dispositivos de luces tenues, que aparentemente intercambiaban información entre los distintos equipamientos.
En el interior de aquel sitio había una veintena de personas, todas de un color de piel sumamente pálido. Algunas de ellas, comenzaron a poner butacas en círculo, e invitaron a Ciro a sentarse. Todos se ubicaron en ese lugar, con excepción de cuatro de ellos que seguían operando sobre los artefactos electrónicos. Entonces el hombre de aspecto más anciano tomó la palabra:
-Sr. Ciro, le vamos a comentar quienes somos, y de donde venimos. Somos un grupo de científicos sobrevivientes de un futuro, no muy lejano de la actual humanidad, la que usted está viviendo. De este presente nos separan apenas poco menos de dos siglos. Usted podrá tener indicios -en la realidad que viene viviendo- que la catástrofe ya está instalada... La producción de armamentos tácticos de carácter nuclear, la creciente exclusión de las grandes mayorías, la miseria reificada, los desastres ecológicos y las pestes desde este presente que usted conoce, se irán agravando sustancial y vertiginosamente, y esto hace que ese aumento, pronostique un final repentino e inevitable de la humanidad, tras una larga agonía muy poco visible, muy poco diagnosticada. Nosotros somos un grupo de científicos que vienen previendo esta situación ya desde un siglo atrás, de este presente que usted vive. En el momento de la catástrofe definitiva estábamos muy avanzados en procesos de integración y desintegración molecular, en combinación con procesos de antimateria y energías.
A su vez habíamos logrado hacer transportes en el seno del tiempo cronológico, logrando que algunos microorganismos viajen hacia el pasado y hacia el futuro de forma alternada. Este saber sobre cronos hace que hoy estemos hablando aquí, con usted, y que a la vez no seamos cadáveres en el futuro, a pesar que nuestro proyecto, aún no está concluido.
El mismo contempla la posibilidad de retrotraer el proceso de extinción de la naturaleza, para reintegrarlo en una nueva secuencia molecular, que lo haga sobrevivir a la catástrofe, para de ahí en más, producir un efecto de desaceleramiento del proceso tanático de autodestrucción. Quizás, mucho de lo que le estemos contando, no pueda ser totalmente entendido por usted, ya que todos los hombres son productos de la época en que les toca vivir, aunque estemos intentando que le sea lo más accesible, a su comprensión subjetiva e histórica.
Ahora bien, en el momento en que se acercaba volando a estos lugares pusimos en marcha sobre su avioneta un dispositivo de detección de la estructura molecular, y enviando un viento huracanado digitalizado desde nuestro software, logramos desestabilizar el vuelo y que la avioneta se estrelle contra la ladera. Ahora mismo esperamos retrotraer el tiempo transcurrido desde ese entonces, para recomponer aquella configuración haciendo que la avioneta y usted, prosigan el vuelo.
De repente Ciro se encontró sobrevolando la montaña, y mirando su reloj vio que era la misma hora que cuando abandonó la avioneta con el paracaídas. Pensó entonces:
-Ojalá que puedan...
10.7.06
Laberíntico final
Hacía ya varias horas que Gervasio, estaba completamente perdido en aquel laberinto, y no podía encontrar la salida.
Este, era un sitio sumamente lúgubre, tenuemente iluminado, con muy elevadas paredes; que no pasaba de tener mucho más de tres metros de lado, y que en uno de ellos se destacaba una puerta, que conducía a una galería cubierta, por una enredadera de madreselvas, tan densamente tupida, que no permitía ser atravesada por la mirada.
Gervasio perdido en tan extraña arquitectura, caminó por una extensa galería, buscando fallidamente la salida, dando con deshabitados cuartos de tamaños diferentes, algunos con amoblamientos abandonados, de madera roída por la polilla y el taladro, y con los esquineros conquistados por la telaraña. Fue ahí, que se topó con un hueco en el piso, que lo invitaba bajar a un sótano. Descendió hacia él, por una delgada escalera de hierro oxidado, encontrándose ahí abajo, totalmente rodeado de espejos, viendo reproducida su imagen hasta el infinito. Bajó entonces su vista hacia el suelo, y ahí vio reflejada su angustia en el verde de sus ojos extraviados, pero también al hueco por donde había bajado, cosa que le hizo pensar en volver a subir por la escalerilla. Nuevamente en la galería, intentó volver hacia el lugar desde donde había partido, pero esto ya se había vuelto imposible.
Caminó entonces sin rumbo fijo, cuando se le apareció un pasillo, que en el final de su recorrido mostraba la luz del día, irradiada desde algún sitio externo a la edificación. Aceleró su paso hacia allí, preso de cierto entusiasmo, cuando encontrándose a unos diez metros, pareció que su alma se le hubiera disuelto, al constatar que no era más que un trompe-l'œil, estampado sobre una mampara.
Gervasio entonces se sentó en el piso, apoyando su espalda en el tabique, y sus cerrados ojos en las rodillas, cuando dos gigantescos hombres lo condujeron a una fría, húmeda y oscura mazmorra, diciéndole que contaba con solamente quince minutos, para orarle al Altísimo, cosa que no se olvidase de abrirle las puertas del cielo. Fue allí donde recordó un episodio del Súper agente 86.
Habiendo sido capturado por Kaos, Maxwell Smart escuchó esta aseveración:
-Smart -Dijo Sigfrid, líder de aquella organización- Esta vez, morirás sí o sí, lo único que te podemos conceder es que elijas la forma. Quemado, ahogado, electrocutado, como gustes. Pues decide…
-Ya está decidido Sigfrid, muerte natural…
Gervasio se dio cuenta en ese momento, que su vida había acabado irremediablemente, y obviamente que este recuerdo que siempre le había resultado gracioso, lo único que le traía a su perdida cabeza, era que ni siquiera tenía opción al respecto.
Repentinamente estalló la llave térmica, seguramente debido a un corto circuito, produciendo un corte total de la energía eléctrica. Al quedar totalmente a oscuras, ya resultaba imposible ver la pantalla del ordenador, y mucho menos leer que allí decía:
-GAME OVER.
Este, era un sitio sumamente lúgubre, tenuemente iluminado, con muy elevadas paredes; que no pasaba de tener mucho más de tres metros de lado, y que en uno de ellos se destacaba una puerta, que conducía a una galería cubierta, por una enredadera de madreselvas, tan densamente tupida, que no permitía ser atravesada por la mirada.
Gervasio perdido en tan extraña arquitectura, caminó por una extensa galería, buscando fallidamente la salida, dando con deshabitados cuartos de tamaños diferentes, algunos con amoblamientos abandonados, de madera roída por la polilla y el taladro, y con los esquineros conquistados por la telaraña. Fue ahí, que se topó con un hueco en el piso, que lo invitaba bajar a un sótano. Descendió hacia él, por una delgada escalera de hierro oxidado, encontrándose ahí abajo, totalmente rodeado de espejos, viendo reproducida su imagen hasta el infinito. Bajó entonces su vista hacia el suelo, y ahí vio reflejada su angustia en el verde de sus ojos extraviados, pero también al hueco por donde había bajado, cosa que le hizo pensar en volver a subir por la escalerilla. Nuevamente en la galería, intentó volver hacia el lugar desde donde había partido, pero esto ya se había vuelto imposible.
Caminó entonces sin rumbo fijo, cuando se le apareció un pasillo, que en el final de su recorrido mostraba la luz del día, irradiada desde algún sitio externo a la edificación. Aceleró su paso hacia allí, preso de cierto entusiasmo, cuando encontrándose a unos diez metros, pareció que su alma se le hubiera disuelto, al constatar que no era más que un trompe-l'œil, estampado sobre una mampara.
Gervasio entonces se sentó en el piso, apoyando su espalda en el tabique, y sus cerrados ojos en las rodillas, cuando dos gigantescos hombres lo condujeron a una fría, húmeda y oscura mazmorra, diciéndole que contaba con solamente quince minutos, para orarle al Altísimo, cosa que no se olvidase de abrirle las puertas del cielo. Fue allí donde recordó un episodio del Súper agente 86.
Habiendo sido capturado por Kaos, Maxwell Smart escuchó esta aseveración:
-Smart -Dijo Sigfrid, líder de aquella organización- Esta vez, morirás sí o sí, lo único que te podemos conceder es que elijas la forma. Quemado, ahogado, electrocutado, como gustes. Pues decide…
-Ya está decidido Sigfrid, muerte natural…
Gervasio se dio cuenta en ese momento, que su vida había acabado irremediablemente, y obviamente que este recuerdo que siempre le había resultado gracioso, lo único que le traía a su perdida cabeza, era que ni siquiera tenía opción al respecto.
Repentinamente estalló la llave térmica, seguramente debido a un corto circuito, produciendo un corte total de la energía eléctrica. Al quedar totalmente a oscuras, ya resultaba imposible ver la pantalla del ordenador, y mucho menos leer que allí decía:
-GAME OVER.
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